martes, 16 de noviembre de 2010

Última noche


La última noche que pasé en Cuzco lo hice caminando de un lado para otro. Dejé mis maletas en casa de Juancho, y caminé como loco de un borde a otro bajo el frío seco. De cuando en cuando entraba a tiendas para ver los productos u otras cosas, pero las más de las veces entraba a una tienda con el pretexto de ver algo pero con la intención de calentarme. No tenía guantes y meter las manos a los bolsillos no entibiaba mis manos, tampoco quería entrar a ningún sitio a consumir algo, quién sabe por qué.

Todos los sitios de Cuzco me causan, ya lo dije antes, una sensación turbia de lastima, no por que no sean bonitos sino por que en el fondo son para otros. Otras personas disfrutan de eso, y toda esa mecánica me vuelve desconfiado. Antes detestaba pensar así por ratos por que pensaba que me volvería un amargado, pero ahora, siempre que me siento así me parece que lo veo todo con bastante lucidez. Me cuesta apasionarme ante cosas que están mal desde la base. Y eso quizá haga que al final, en algunas circunstancias deba omitir ciertas verdades para permitirme la entrega total.

O tal vez termine hastiado pronto. Lo cierto es que entré a oir un concierto de la filarmónica de Cuzco agradeciendo un sitio cerrado que no me cobrara nada por el ingreso. La última canción del repertorio fue el Condor pasa de Alomia Robles,y al salir, con otra canción en mi mente, empecé a sentirme en deuda con esta ciudad a la que de seguro volveré para cobrarme todas las cuentas que tengo conmigo mismo.

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